viernes, 14 de abril de 2006

2 comentarios:

Vulcanelli dijo...

¡Qué preciosa fotografía! Y ¡qué adecuada en unas fechas que suponen el último vestigio de las celebraciones del antiguo calendario lunar en nuestra civilización solar! Ya el hombre primitivo, tan pronto como empezó a comprender los mecanismos más elementales de la naturaleza, se dio cuenta de que había algo muy especial en los ciclos de veintiocho días, tan familiares para la mujer; y que la Luna actuaba como una especie de "marcador electrónico" de tales ciclos. Y, tan pronto como necesitó medir el tiempo en algo que fuera más allá que los días, concibió en esos ciclos la unidad de medida idónea, origen de nuestros meses. Y ahora tendríamos años de trece meses de veintiocho días cada uno, con un ajuste de sólo un día y cuarto al año. Imagina el año perfecto: todos los meses tienen cuatro semanas. Todos los meses (y las semanas, y los años) empiezan en lunes y acaban en domingo. Más un día al final del año (en los bisiestos, dos) de fiesta universal...
Todo esto no pudo ser; primero, porque a los antiguos la idea de dividir por trece les fastidiaba profundamente (si no tienes una calculadora, no es muy cómodo). Pero, sobre todo, porque daba a las mujeres un papel de "calendario viviente" que suponía reconocerles cierta preeminencia, y claro, esto hubiera sido inadmisible. ¿Qué culpa tendréis las mujeres? A fin de cuentas ¿qué tiene de extraño que el mayor prodigio que opera la Naturaleza, y con arreglo al cual las mujeres se diseñaron, funcione según las reglas matemáticas de cómputo del tiempo más exactas posibles para cualquier calendario terrestre?

Así que anímate un poco... a poco que se profundiza en la realidad encontramos pistas de un cierto orden de las cosas que hacen que debamos seguir creyendo que todo tiene un sentido, y que merezca la pena intentar comprenderlo.

La Dama Blanca dijo...

genial Vulcanelli, me ha encantado tu comentario :D, yo opino igual que tu....y gracias por tus ánimos, ya voy mejor.
un besito