viernes, 13 de enero de 2006

Piedras


Cuenta la historia (y no es leyenda), cuando la dama era muy muy pequeña (en aquel entonces la llamaban abejita Maya por su parecido), su familia tenía la costumbre de ir a comer a las ventas los Domingos, allá en la montaña, cerca del castillo encantado.

Debía tener uno o dos años por aquel entonces....(su memoria no lo recuerda)...iba en carrito, con su pelito pelirrojillo y casi-rizado, ese día, con tanto alboroto de niños-primos etc. se olvidaron de poner el freno del carrito......se movió un poco, un poquito más, otro más....y el cochecito comenzó a tomar carrera cuesta abajo por la carretera, aquella tan empinada y llena de curvas.
Sus padres como locos comenzaron a correr tras el dichoso carrito, rezando porque no pasara ningún coche en ese momento....deseperados.....y mientras tanto, cuenta la historia, que la abejita Maya se estaba descojonando de risa.......
Aquellos lugares escarpados eran peligrosos, porque había multitud de barrancos en el borde de la carretera.....y el carrito estaba llegando al final de la cuesta, donde la calzada giraba para hacer la curva y terminar en uno de esos barrancos.......
Según la historia, el carrito de la abejita Maya (y ella muerta de risa) se paró de pronto, antes de caer al precipicio......al mirar, se encontraron con que una pequeña piedra había conseguido parar aquella loca carrera.

Hoy pensaba en eso.....en cómo una piedra que puede dañar, herir o incluso matar, también puede salvarte la vida....pensaba que si era posible que mi costumbre de guardar determinadas piedras que me encuentro por el camino, tuviese algo que ver....la extraña tranquilidad que me hacen sentir y el deseo de llevarlas a mi casa (mi mundo, mi territorio), la sensación de proteccion que me dan, mi habitación tiene desperdigadas mis piedras (mi casa tambien), y me gusta.

besitos

4 comentarios:

Irea dijo...

Vaya, qué bonita historia. :-)Y me ha gustado mucho cómo la cuentas. A mí me gustan los cantos de río, esas piedras suaves, planas, y redondeadas, esculpidas por la corriente.

La Dama Blanca dijo...

Una vez, un amigo que quiero mucho, me dijo que por qué no hacía cuentos para niños...(por que no se hacerlos ;P).

Son los cantos de rios y playas las piedras que más me gustan a mi también, lo suaves que se tornan cuando se mojan y lo cálidas y reconfortantes cuando les da el sol y te calienta la piel.

Un besito Catalina

Deckard dijo...

Pues sí, quizás tendrías que escribir algún cuentecillo para niños. De todas formas tus "cuentos" también gustan mucho.

Hace tiempo que no escribo nada, pero sigo leyéndote.

Un besote

La Dama Blanca dijo...

ay Deckard! que alegria leerte, no sabia nada de ti y ya empezaba a preocuparme.

un besito muy grande mi niño!